Vuelve «Soy Sonia» a Liebre de Marzo

Antes de su estreno en Buenos Aires, y después de haber hecho funciones con excelente repercusión en Mar del Plata y Bahía Blanca, la obra de Gastón Díaz, con la actuación de Virginia Pezzutti, se presenta este sábado a las 21:30 en Liebre. Compartimos la reseña de Diana Guerscovich.

Antes de su estreno en Buenos Aires (la obra realizará funciones en el teatro Espacio Sísmico durante agosto y septiembre), y después de haber hecho funciones con excelente repercusión en Mar del Plata y Bahía Blanca:¡una nueva función en Gualeguay!El sábado 10 de AGOSTO, a las 21:30 hs
en Liebre de Marzo. SOY SONIA, de Gastón Díaz
Actúa Virginia Pezzutti

Una coproducción de El semillero (Bahía Blanca), Espacio Sísmico (CABA) y Liebre de Marzo. Entradas en Vinoteca Los Taninos y la sala. Reservas a través de redes sociales. Anticipadas $200, y 2 x $300
Descuentos a estudiantes, jubilados y alumnos de liebre

Ficha técnica:
Actriz: Virginia Pezzutti
Asistente de dirección: Alejandro Guerscovich
Ilustración: Juancho Montefiori
Iluminación: Romina La Cruz
Vestuario: Laura Lucca
Fotografía y gráfica: Agustín Colli
Texto y dirección: Gastón Díaz

Reseña de Diana Guerscovich

Soy Sonia. Sonia, soy. Una joven entra en una habitación, nerviosa, indecisa, se le nota fuera de lugar, de tiempo en ese lugar. Ella es Sonia y él, la escena detrás de la escena que abriga al ojo creador.

Intenta. “Soy Sonia, Sonia soy”, lo sabemos porque se nombra, se presenta y conduce, presenta y representa el vivir utilizando la lengua. Un cuerpo convulso por mostrar, mostrarse y sentir, “mejor que al menos uno la pase un poco bien”, aporreado por sensaciones crecientes, olas preparándose a la convergencia del tsunami y así arrasar con todo. Limpiar ese vacío que no se llena y desespera. “… No podés, ¿no? Sería el colmo que ahora sí, que ahora sí pudieras””. Envuelta en un diálogo trunco, la palabra se aviva, sí, cobra la vida de quien no dice a través de la boca que implora, incluso, por una respuesta. Diálogo incompleto, pero diálogo en sí, contra la propia voz, contra el silencio de quien no puede pero antes podía y, sobre todo, contra la desesperación del testigo atemporalizado, también desterritorializado, porque pasa tanto en tan concreta demostración que pareciera no alcanzar, cuando en realidad rebalsa en sentidos.

“Extraño mi cama, el olor de mis sábanas”. Lo cotidiano y el quiebre. La distancia y lo extraño. La zona y los roces. Siempre hay un punto de conexión, de inflexión, y en este escenario, en esta obra, en este devenir Sonia, es el darle paso a la imposibilidad de sentirse parte, porque todo es suspenso. ¿Hasta cuándo?, ¿hace cuánto?, ¿desde cuándo?, y qué más sonsacarle a un tiempo suspendido en búsqueda de un cuerpo que lo avive. Por eso Sonia cuenta, hasta cansarse de sí, como si en el inventario de la narración algo se salvase: el hilo que carga el relato. Entonces Sonia cuenta su día a día y construye el pasado desde la otra cara, no de quien sostiene la cámara, sino de quien o quienes están retratados. La historia que se muestra, la que se cuenta, la que se oculta.

Click, click de las palabras, las imágenes y la materialización del estado de quien no dice pero está, de quién acuerda estar (y decir), de alguien que solicita, necesita un gesto, una respuesta, una razón a ese estado ajeno. Y cercano. “¿Me escuchás?” El disparador a un juego demoledor: “Mientras hablo te mantengo despierto”. La carpa, malla amarilla, la piba de labios dulces y el pibe lloroso, el enojo de un padre, las promesas, el joven que visita la 404 y nuevas preguntas. Hablar, hablar hasta que el vacío parezca llenarse. ¿El vacío? Sonia se encarga de llenar tantos huecos que las historias entrelazadas se alzan, en palabras tan definidas que están allí, son imágenes reconstruidas. Nombrarse, traer un pasado, diapositivas del ayer, día tras día, preguntar por el Tiempo y la Imposibilidad jugando con la palabra. La imagen inverosímil del cuerpo inerte, “Y se veían tus piernas, debajo de la sábana, la punta de los pies formando un arco”, habilitado repentinamente con todas sus facultades para contener la verborragia y el deseo casi avasallador de que así suceda, como si fuese magia. Pedir un deseo y la fórmula exacta que conjure al genio. La palabra o el gesto que le despierte. ¿Pero a quién?

 Intenta. “Sonia, soy Sonia”. Crescendo sensitivo por una respuesta. Agolpe. Borboteo burbujeante de palabras construyendo una relación que no se sabe tal.