Romper la grieta mental

En esta columna de Gualeguay Hoy, aportamos una mirada sobre la realidad, que va más allá del binomio kirchnerismo/anti kirchnerismo, Cambiemos y globoludos, con el que algunos pretenden seguir anulando las discusiones de ideas.

Uno

Es triste (no encuentro una mejor palabra) que buena parte de las discusiones políticas en la Argentina sigan girando torno a los K y los anti-K. En general, se trata de clasificar a todo el género humano dentro de esos dos ADN y los que se escapan son acusados de ambas cosas por los más extremistas. Pareciera que no hay ningún punto de contacto. Sin embargo, se pueden trazar muchas líneas más de las que los propios fanáticos están dispuestos a aceptar. Cristina y Macri son acusados por sus detractores de haberse enriquecido a costa del Estado. Es decir, del pueblo. Ambos
conservaron el mismo ministro/secretario de Ciencia y Tecnología, el Dr. Lino Barañao, un hombre puesto por la fábrica de agroquímicos Monsanto, responsable de envenenar poblaciones rurales en todo el país. Ambos se han negado a discutir la investigación de la deuda externa, la protección de los glaciares; la viabilidad del Fracking; la nacionalización de tierras ociosas en manos de extranjeros; ninguno de los dos se manifestó a favor de la legalización del aborto durante su Gobierno; etcétera. Esto no significa que sean iguales, sino que hay debates pendientes en la Argentina, y debates que atraviesan todo el arco político, todas las edades y todas las
ideologías. Si seguimos discutiendo en términos de K y Anti-K, si ese es nuestro único elemento para juzgar una idea, estamos anulados mentalmente.

Dos

Esta semana dos chicos tocaban timbre casa por casa, en calle Chacabuco pasando la YPF hacia la salida de la ciudad, pidiendo comida. Hace unos días, otros recorrían los comercios de calle Belgrano. Ya no alcanza la basura de los contenedores ni las pocas cosas en condiciones que llegan al Basural. Hay que adelantarse en la cadena de distribución porque la competencia es feroz. Algunos negadores seriales dirán que son mandados por los padres que tienen enormes Smart Phones y carteras Louis
Vuitton. La realidad, innegable, es que la situación social se agrava día a día. No hay que ser un gran analista político para comprenderlo. Desde el propio oficialismo ya no se habla más de rebote, ni luz al final del túnel. El año que viene va a ser malo nos dicen, como si este hubiera sido una fiesta. A la hora de discutir las causas, los que viven en la grieta mental nos dirán que estamos pagando la fiesta, o que todos los males comenzaron en diciembre de 2015. Ninguna de las dos explicaciones es satisfactoria. El kirchnerismo no resolvió la deuda social, y en la segunda mitad del
último mandato de Cristina comenzó un declive indiscutible. Sin embargo, en los tres años que lleva este Gobierno le ha pedido todos los esfuerzos a los pequeños y medianos empresarios, a los trabajadores, a los jóvenes, a los jubilados, a los enfermos, y a los pobres. Por el otro lado, les ha concedido todas las ventajas a los sectores concentrados de la economía, a la bicicleta financiera, a los exportadores, a los especuladores, a los capitales extranjeros. Y ya son tres años de Gobierno, no es un ratito. Algunos hemos criticado al kirchnerismo por su doble discurso en materia de Derechos Humanos, Anti Imperialismo y otras yerbas. Sin embargo, el Gobierno de Macri en tres años cumplió dos de veinte promesas realizadas. Siendo buenos tenemos que decir que le mintieron a la gente.

Tres

La única forma de avanzar como país es discutir ideas y políticas de estado a largo plazo. ¿Nunca vamos a investigar la deuda externa? Bien, entonces paguemos con nuestros impuestos lo que nos dicen sin decir ni mu. ¿Qué beneficios nos trajo duplicar la deuda externa durante este Gobierno? ¿Para qué se usó ese dinero? En números concretos, la mayor parte de ese dinero fue al sector financiero. No va al sector social, no va a cumplir el rol que tiene que cumplir el Estado, que es atender su responsabilidad con la Salud, la Educación, la Seguridad, la Ciencia, etcétera. ¿Vamos a abrir indiscriminadamente las exportaciones para que además de I-Phones lleguen al país alimentos producidos en otros países? Bien, si esa es la política de estado, ayudemos a los productores a que se dediquen a otra cosa, porque jamás van a poder competir en precio con los volúmenes de producción de otros países mucho más grandes. ¿Qué vamos a hacer con los Hospitales y Escuelas? Si son un gasto y sólo acceden los que tienen plata, bueno, hagámonos cargo de que la gente se va a morir por causas evitables y que el nivel socioeducativo de la población va a seguir descendiendo. Pero hay que dejarse de discutir carteles y empezar a discutir ideas.

Cuatro

Romper la grieta mental también es escuchar al otro. Es peronista, es radical, es comunista, es socialista, es trotskista, es liberal. Bien, escuchemos lo que tiene para decir. En ese sentido, voy a citar parte del discurso inaugural de la Feria del Libro 2018 de la Escritora Claudia Piñeyro:


“Hoy quisiera traer otra palabra que creo que fue usada de una manera que nos hizo mucho daño: grieta. Todos sabemos lo que es una grieta. Pero la palabra se usó para definir la división de nuestra sociedad por pensar diferente. Si hay una grieta hay dos territorios separados por un vacío. No hay puentes. No hay comunicación posible. Si uno quiere pasar de un lugar al otro para dialogar se cae en una zanja. Los que no se sienten parte de ninguno de los dos sectores están condenados a desplomarse en ese
tajo hecho casi de violencia: una grieta no se piensa, no se planea, desgarra la superficie de forma antojadiza. La democracia es pluralidad de voces viviendo en un mismo conjunto y espacio social. ¿Éramos una grieta o el lenguaje operó sobre nosotros y nuestras diferencias para que no haya diálogo posible?”.


Las redes sociales todavía están teñidas de esta batalla que no tiene nada de lúcido. Rompamos la grieta mental y empecemos a discutir ideas. Es la única forma de no caer en la zanja de la estupidez y la necedad.