La de todos, en peligro

Todos los gremios universitarios resolvieron el no inicio del segundo cuatrimestre, ante el recorte presupuestario y la no convocatoria a paritarias. La educación pública, está en peligro.

Paro Univesitario, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fotos: Leonardo Rendo/ANCCOM

Es de público conocimiento que la Universidad Pública no está pasando por un buen momento. Y no estoy hablando del nivel educativo, porque como todos sabemos, lo que pasa a nivel educación en las instituciones públicas es algo que sólo puede describir y disfrutar quien haya tenido el placer de haber pasado por alguna.

En lo personal, comencé la sala de tres en el Centro Luján, en Barrio Norte. Allí me dieron el primer beso. Imposible olvidarlo: una nena me dio un piquito en las hamacas, y la primer reacción fue salir corriendo a contarle a las seños Analía y Susana. El jardín de cinco y toda la primaria lo hice en la Escuela Marcos Sastre. Mi mamá fue docente de esa institución, pero nunca me dio clases a mí. Me encantaba estudiar; aprender; ir y venir por esos pasillos, del aula a la dirección o a la sala de maestros, en búsqueda de del registro o llevando un mensaje de una seño a otra. Siempre era el elegido de la maestra para esas cosas. Habrá sido por mi buena predisposición siempre, o porque era el hijo una compañera. Lo importante es que me encantaba.

El guardapolvo celeste en la sala de cinco; que nos reciba la seño Rosarito; y esperar la hora de la merienda para comer esos increíbles panes con mermelada. Mirar por la ventana y cantarle al “solcito” para que salga en los días nublados; escuchar los cuentos; hacer trabajitos para la carpeta. Cosas que no se olvidan más.

El paso a la primaria fue espectacular. Entonar la canción de la bandera cada tarde con compañeros nuevos y otros que ya conocía del jardín. La seño Verónica siempre me tituló como “mi favorito”. Hasta el día de hoy me lo dice cuando me ve. Quizás todo esto suene muy auto referencial, y hasta un poco egocéntrico. Sin embargo, lo que quiero transmitir es que la contención de cada uno de esos docentes; de cada rincón de la escuela; de cada acto en el que se actúa; de cada trabajo que se presenta; te marca para siempre, y te hace amar cada vez más el lugar en donde estás. Y defenderlo.

En 2do grado la seño Roxana nos enseñó a sumar y restar con dos o más cifras. Los días de lluvia se le complicaba llegar a la escuela. Si bien estaba en pleno centro de la ciudad, en las calles San Martín y Hereñú, ella vivía en Galarza y la ruta se ponía un poco jodida. En 3ero tuvimos clases con Silvia. Por primera vez, me tocó tener maestros suplentes, y es que ella estaba muy cerca de llegar a su jubilación. Esto sucedía allá por el año 2005. Hoy en día, tranquilamente, podríamos cambiar ese “llegar a su jubilación” por un “lograr su jubilación”, y es que en la actualidad es muchos trabajadores tienen muchos problemas para alcanzar ese derecho.

Mi primer mala nota, mi primer examen desaprobado llegó en 4to. María del Rosario me puso un 4 en una prueba de Ciencias Sociales sobre Entre Ríos. No supe completar el cuadro de las localidades de la provincia. Además recuerdo que debíamos investigar y contestar el significado que se le asignaba a “Cuchilla redonda”, y mi respuesta fue desopilante. Me la guardo para mí, evitando generar comentarios tales como “allá va el loco de Cuchilla”. En 5to tuve que hacer la primer exposición oral. Con mis compañeros hablamos del agua y su contaminación. Esa fue la primera vez parado frente a un público que resultaban ser mis amigos y compañeros. Me encantó, recuerdo que me gustó tanto que siempre le pedí a la seño que hagamos más exposiciones así.

En la escuela pública a los docentes se les dice “seño”, no importa si es un director o secretario. Menos a los de educación física. A ellos se los llama “profes”. No sé quien habrá establecido eso, pero es una ley general y así lo viví yo.

Último año de primaria, viaje de egresados, tantas cosas por decir pero dos para destacar: La primera es sobre las enseñanzas de la seño Claudia, y una frase que nunca se va: “No hay malas palabras, son palabras mal usadas”, quizás fue eso lo que despertó en mí las ganas de saber cómo comunicar. La otra, en la Feria de Ciencias: “¿Cómo ahorrar energía eléctrica en nuestras casas?”. La presentación fue seleccionada a nivel local y viajamos junto a la seño Norma a la ciudad de Victoria. Allí nos instalamos junto a otros tres compañeros en un hotel que estaba buenísimo. El resultado fue indignante. Tuvimos que competir contra estudiantes de otras escuelas y también de universidades. Obviamente perdimos. Para nosotros era una competencia, como cuando jugábamos los torneos de handball contra alumnos de otras escuelas, y era a matar o morir. Hoy, desde afuera y más grande, te das cuenta que no es así. En realidad, lo que estaba pasando en ese momento era que nos estábamos enriqueciendo fuertemente, aprendiendo, nada más y nada menos que eso.

Al paso de la escuela primaria a la secundaria, se le sumaba el cambio de institución, de Marcos Sastre a Normal. Todo un desafío, toda una aventura. Quizás los primeros años me costó adaptarme, pero por la escuela pública nadie pasa sin saber qué lugar le toca. Tarde o temprano lo descubrís y lo aprovechás. Le sacás el máximo jugo que tenga.

Paro Univesitario, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fotos: Leonardo Rendo/ANCCOM

Hoy, ya me toca transitar los distintos momentos de la carrera universitaria, y ¿saben qué? Volví a elegir la educación pública, la de todos. Estudio la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires, y en estos días los pasillos están vacíos; las aulas tienen luces tenues; no se escucha el griterío habitual. El alcance de la medida de fuerza que hoy llevan los docentes universitarios es casi absoluto. Estudiantes, docentes y no docentes nos damos cuenta que la realidad tomó un tinte más oscuro de lo normal.

El ajuste presupuestario, las paritarias que no llegan, y el ataque permanente tanto práctico como simbólico a la educación pública, intentan terminar un lugar de aprendizaje de vida, porque lo que aprendés en la pública, es a vivir una vida digna.

Este año, las universidades recibieron unos 4.000 millones menos de presupuesto, los docentes percibieron apenas un 5% de aumento y la ejecución presupuestaria en el actual ciclo lectivo aún no llegó al 30%.