Escuela que para, escuela que cierra

Hubo una época, en una Argentina no muy lejana, en la que como describe con enorme sentido del humor Enrique Pinti, se fusionaron el “populismo” y el “neoliberalismo” y nació ese Frankenstein llamado menemismo. Nuestros dos últimos presidentes (Mauricio Macri y Cristina Fernández), hoy en veredas tan opuestas, fueron beneficiarios de ese monstruo que causó tanto daño en estas tierras. Una de las tantas heridas que dejó abiertas fue la destrucción del sistema ferroviario, que mató infinidad de pueblos del interior del país, y marcó las bases para un país más desigual y unitario todavía. En aquel entonces, cuando los obreros ferroviarios se oponían a la pérdida de sus puestos de trabajo, y a lo que significaba el aislamiento de poblaciones enteras, nació la famosa frase “Ramal que para, ramal que cierra”. Y así fue. El país se cortó en pedazos, y el transporte dejó de ser visto como un servicio para convertirse en un negocio más. Yendo al plano educativo, con la tristemente célebre Ley Federal de Educación, (en la que trabajó activamente Daniel Filmus, pero que después criticó en su modificación del año 2007), supuso entre otros desastres la transferencia de las escuelas a las provincias sin presupuesto, lo que las fue ahorcando paulatinamente y abrió las puertas de par en par para el fabuloso negocio de la educación privada.

Diagnóstico compartido

Hace pocos días, la página de Facebook EAMEO publicó una edición de video, en la que fusionaban las imágenes de la apertura legislativa de María Eugenia Vidal con un discurso de Cristina Fernández de Kirchner. El chiste es que en aquel discurso, Cristina repetía todos los prejuicios sobre la tarea docente que hoy los funcionarios de Cambiemos, y los supuestamente kirchneristas del Gobierno Provincial repiten ante cada conflicto gremial.
A saber:
-Trabajan 4 horas.
-Tienen tres meses de vacaciones.
-Faltan todo el tiempo.
-Perjudican a los chicos con los paros.
¿Por qué coinciden Cambiemos y el kirchnerismo en estas cosas? Porque para ambos grupos políticos el problema de la educación son los docentes. Al igual que sucedía en el menemismo con el transporte, la educación es vista como un gasto y no como un servicio. Por eso la inestabilidad de los profesorados en Gualeguay, el cierre de cursos en las secundarias y el cierre de escuelas en las poblaciones más vulnerables como las del Delta. Macri eliminó por decreto las paritarias docentes y Bordet para no ser menos sacó un decreto limitando las asambleas de los trabajadores estatales. No sólo no quieren sentarse a hablar con los docentes, sino que tampoco quieren que se sienten a hablar entre ellos.
El Gobernador Bordet en sintonía con el Presidente Macri

El camino equivocado

Existe el ausentismo docente, y como en todos los
oficios del mundo, existen trabajadores de la educación que no cumplen su tarea como corresponde. Pero endilgarles a los educadores todas las falencias del sistema, es una canallada que encima no resuelve nada. Y para colmo de males, como en todos los ámbitos, los funcionarios toman medidas desastrosas en Educación. Ofrecen a los trabajadores un aumento del 15%, como si fuera un número mágico, mientras el tarifazo y la inflación se comen el salario furiosamente. Sin embargo, hay plata para comprar relojes faciales. Es como darle una netbook a un chico que no tiene Internet, y a veces ni siquiera electricidad en su casa. Evidentemente, las únicas inversiones que se hacen son las que tienen lugar para el vuelto. Se impulsan reformas educativas sin consultar a los principales protagonistas. Estamos hablando del Plan Maestro, que está destinado al fracaso de antemano, como fracasó la Ley Federal de Educación, porque no tiene en cuenta la voz de los estudiantes ni de los docentes.
Mientras tanto, las escuelas carecen de condiciones para una enseñanza de calidad, los chicos llegan muchas veces desbordados de vulnerabilidad, y los docentes se ven obligados a la contención y el asistencialismo. Eso sí, cuando hay un paro, todos nos preocupamos por los niños y acusamos al maestro de egoísta. Pero los mismos comunicadores que fingen compromiso y sensibilidad; cuando el pibe muere por falta de medicación, alimentos, sobredosis, o una bala por la espalda; se quedan callados o ensucian a la víctima.
Hasta que no pongamos a la Educación como prioridad, valoremos a los que prestan este servicio, a los propios alumnos que lo reciben, y tomemos decisiones fruto del más amplio entendimiento, no hay salida. Y menos con burlas. Porque pedir presentismo y ofrecer un aumento miserable, en un Congreso que se sube el sueldo a dedo y cuyos miembros no son sancionados por faltar, es, por lo menos, una falta de respeto.
Docentes de Gualeguay reclamando por el NO cierre del Instituto Leloir