El Diario al que no voy a volver

Compartimos un texto especial para Gualeguay Hoy del periodista de El Diario de Paraná, Ricardo Leguizamón, uno de los 57 despedidos del medio de comunicación que evidencia la situación actual de nuestro oficio. Leguizamón es además creador del medio digital entreriosahora.com y autor del libro: "Karlic, las dos vidas del cardenal".

por Ricardo Leguizamón

«En mi carácter de apoderado de Sociedad Anónima Entre Ríos, conforme poder otorgado por escritura N° 122 de fecha 01/08/2017, ante el escribano Héctor Edgardo Vartorelli, me dijo a ud. a efectos de notificarle formalmente que en virtud de la notoria falta de trabajo y el cierre de la planta impresora queda despedido».
Eso dice el telegrama que todavía guardo. Lo recibí el viernes 18 de mayo, y conmigo otros 56 compañeros, todos trabajadores de Sociedad Anónima Entre Ríos (SAER), la empresa editora de El Diario, de Paraná, y La Acción, de Nogoyá, que fuimos cesanteados. No sé si sentí tristeza, desazón, bronca o indiferencia.
El Diario dejó de ser una Redacción contenedora hace rato. Los últimos días el primer piso del edificio de calle Urquiza (donde había ingresado a trabajar en 1998) no tenía luz, el piso estaba inundado y la mugre y la falta de ventilación hacían de aquel sitio un lugar desangelado, voraz. El Diario seguía saliendo a la calle con una Redacción fantasma: un puñado de empleados que aceptaron seguir trabajando sin cobrar.
No cobramos desde hace seis meses. El telegrama de despido fue apenas una formalidad en medio del naufragio más atroz.
Sé que los 57 despidos vinieron a ennegrecer un panorama ya demasiado sombrío en el mundo de los medios de comunicación. El gremio periodístico sufrió estos dos últimos años golpes durísimos. Antes, en marzo, habían despedido a más de 20 empleados de la planta impresora de diario Uno; y en medio, Canal 9 Litoral anunció un fuerte plan de ajuste, con retiros voluntarios intempestivos.

Sucesivas transferencias accionarias derivaron en la eclosión que se ve ahora.
Ya en octubre de 2014, por múltiples incumplimientos, los empleados de El Diario salimos por primera vez a la calle a manifestar los reclamos, pero desde el vamos supimos ubicar quiénes eran los responsables del conflicto: por un lado, el presidente del directorio de SAER en representación del grupo Nea Capital Creativo, Ramiro Nieto, y por el otro, la familia Etchevehere, en este caso referenciando a la rama proveniente del ex director de El Diario -Luis Felix Etchevehere, fallecido en septiembre de 2009- aún con acciones en la empresa. En aquella oportunidad, los trabajadores identificaron claramente otro responsable: el entonces gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.
El Diario había sido cooptado por el urribarrismo y de ese maridaje no pudo producirse sino lo que se vio enseguida: un desastre.

En 2015, el colega Jorge Riani escribió para el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) un panorama de los medios en Entre Ríos y se ocupó en particular de la situación de El Diario.
«En 2010, el 60 % del paquete accionario de El Diario, de Paraná, fue adquirido por un empresario santafesino, cuya principal fuente de riqueza ha sido el negocio del préstamo de dinero a empleados públicos, a altas tasas de interés. El recupero se concreta mediante el sistema de código de descuento de haberes, por el cual, las cuotas de devolución y pago de intereses se retienen desde el mismo Estado, a través del recibo de sueldo, y se transfieren sin mayores trámites a las oficinas del empresario.
Como esa compra ha sido fundacional de un modo de vinculación del gobierno con los medios, amerita detenernos para comentarlo.
El Diario de Paraná: de empresa familiar a manejo gubernamental
El empresario que adquirió en 2010 la mayoría accionaria de El Diario es Walter Grenón, dueño de la empresa Red Mutual, que ha podido hacer negocios con el Estado provincial a partir de las buenas relaciones que supo cosechar con los gobiernos del radical Sergio Montiel y de los peronistas Jorge Busti y Sergio Urribarri.
Fue, sin dudas, en dos gestiones de este último donde Red Mutual amplió su accionar empresarial y llegó a la adquisición de El Diario. Hasta entonces, El Diario había sido propiedad de la familia Etchevehere. Tras una venta de acciones, la familia fundadora quedó en minoría con un 33 por ciento, que luego amplió a 40, sin que eso implique ninguna posibilidad en el manejo editorial del medio.
El Diario fue fundado hace un siglo. Salió a la calle el 15 de mayo de 1914 como un órgano de ideas de la Unión Cívica Radical, aunque no tenía vinculación institucional con ella. Cristalizó, eso sí, el proyecto de un grupo de dirigentes radicales que llegaron a ocupar altos cargos en la provincia y en la Nación. Con el correr de los años, la totalidad accionaria quedó en manos del hijo del primer director, Arturo Julio Etchevehere, quien profesionalizó el medio y abrió sus páginas a todas las expresiones políticas. Hasta 2010, año en que el gobierno de Sergio Urribarri logra hacerse con el control del centenario diario.
(..) En 2012, Grenón vendió el 60 % del paquete accionario de El Diario al empresario rosarino Ramiro Nieto, y el gobierno sigue teniendo el manejo absoluto de la línea editorial, como lo demuestra el ejemplo brindado en párrafos anteriores.
Nieto es propietario de la firma VTS, uno de los encargados de las transmisiones de Fútbol para Todos, y posee un canal en Rosario. En Entre Ríos transmite los partidos de Patronato en la B Nacional de fútbol, los actos oficiales y el sorteo de la lotería provincial.
El empresario rosarino compró además el diario La Calle, de Concepción del Uruguay, donde el gobierno también tiene manejo absoluto de las informaciones».

Eso explica el telegrama de despido que recibí el viernes 18.
El Diario borró una Redacción profesional para dar lugar a los comisarios políticos que establecían qué se escribía, qué se publicaba, qué no. El descrédito fue notorio, y la desazón de los periodistas que formamos parte de uno de los equipos de trabajo más profesionales de la provincia en años fue tornándose insostenible. Entonces, fuimos yéndonos, relegándonos al más oscuro ostracismo, o buscando nuevos horizontes, despidiéndonos de a poco de El Diario.
Lo que ahora sale a la calle es una mala copia, textos escritos a los apurones, sin edición cuidada, sin rigor, por puro compromiso: llenar espacios en blanco.

Yo sé ahora que a ese lugar no vuelvo: no quiero volver. Ya no es un diario: es un simulacro que nunca será lo que alguna vez fue.
Pero no me bajo de la pelea junto a mis compañeros: no quiero que esta zarpazo, con 57 trabajadores en la calle, quede impune. Sé que voy a dar pelea: quiero dar pelea. No sé hasta cuándo, no sé en qué momento me voy a sentir vencido.
Por ahora sé que no se las voy a poner fácil. Aunque sea con un escrito de la abogada que me representa. De algún modo, por algún camino, porque no quiero que esta tragedia laboral pase sin pena ni gloria.