El Centenario de la Declaración de la Independencia en Gualeguay

Compartimos la reseña de lo que fue el 9 de julio de 1916 en nuestra ciudad. Los festejos y la vida en Gualeguay según lo relata el libro de Humberto P. Vico que recupera nuestra historia.


Han pasado más de doscientos años del histórico Congreso del Tucumán. Ya se había declarado anteriormente en Concepción del Uruguay en el Congreso de Oriente, pero la historia y sus vaivenes le dieron mayor jerarquía a esta fecha. Desde Gualeguay Hoy elegimos recordar cómo se vivió el Centenario de la Independencia, según lo cuenta Humberto P. Vico en su libro que recrea nuestra historia.

“En 1916 la República Argentina celebró con todo entusiasmo el Centenario de la Declaración de la Independencia. En Gualeguay la preparación de los actos conmemorativos estuvo a cargo de una Comisión Popular que trabajó bajo la presidencia del Intendente D. Lorenzo Chichizola que integraron las demás autoridades locales.

Los actos celebratorios del Centenario de la Independencia, que no alcanzaron la brillantez de las fiestas de 1910, tuvieron sin embargo características distintas a las ceremonias habituales y se desarrollaron desde el 4 al 9. (Iniciaron los actos) una función cívica en la Escuela Normal y otra similar en la Escuela J. J. Castelli. El 7 continuó el programa con una reunión en el Teatro Italia organizada por el personal de la Escuela Normal. El 8 se procedió por la mañana al reparto de víveres y ropa a los pobres en la Jefatura de Policía –lo que entonces era corriente en las fechas patrias- y a la inauguración de una placa alusiva en la Escuela Normal, que como vemos se transformó en el centro de los actos de julio de 1916. Por la tarde se llevó a cabo una concentración en la Plaza San Martín de alumnos, profesores y maestros, autoridades, pueblo y los efectivos del Regimiento 3 de Caballería, como preludio a la solemne procesión cívica con antorchas, quema de fuegos artificiales y retreta nocturna. Esa noche tuvo a su cargo la parte oratoria el Dr. Daniel Elías, quien pronunció un encendido discurso pleno de lirismo, belleza literaria y hondo sentimiento argentinista; además participaron los jóvenes Antonio Arena, con una elocuente disertación y Aristóbulo Barroetaveña que recitó “Oración a la Bandera” de Belisario Roldán.

Escuela Castelli de Gualeguay

Salvas y dianas anunciaron que había transcurrido un siglo desde que en la hermosa Tucumán, un puñado de argentinos valerosos y patriotas había proclamado al mundo que las Provincias Unidas del Río de la Plata querían ser y lo serían a partir de entonces, un Estado independiente.
El sol del 9 se elevó feliz y los vecinos de Gualeguay, tocada su fibra argentina se dispusieron a participar plenamente de los actos de la jornada. Al mediodía las sociedades representativas de las distintas comunidades, autoridades, y pueblos se reunieron para descubrir una placa en Plaza Constitución, para asistir después a las 13 horas al solemne Tedéum en el Templo Parroquial. La celebración siguió más tarde con la realización de variados espectáculos deportivas en la pintoresca costa del Gualeguay a la sombra de los árboles del Parque, salvas otra vez para despedir a Febo y entonización del Himno, que fue coreado con renovado y revigorizado fervor después de la jornada vivida, al pie del a Pirámide en Plaza Constitución. La obligada función de gala nocturna en el Teatro Italia, cerró las fiestas del Centenario de la Independencia, con la puesta en escena por la Compañía de Operetas Della Guardia, de la obra “Sueño de un vals”.

Gualeguay en aquellos años

Lorenzo Chichizola fue el primer intendente radical de Gualeguay, y fue designado por el Gobernador Miguel Laurencena (también radical y de Gualeguay; quien tiene el honor de ser el primer gobernador elegido tras la Ley Sáenz Peña). El peso político del Departamento en aquel entonces era mucho mayor. Una de las primeras medidas de Chichizola fue despedir a siete empleados y reemplazarlos por otros siete designados por el mismo decreto.
En aquel entonces los gremios más activos eran los de los cocheros, carreros y vendedores y fabricantes de ladrillo. Uno de los conflictos de la época era con la Compañía Anglo Argentina de Electricidad, que prestaba un servicio caro y deficiente, según las quejas de los vecinos. Otro de los inconvenientes era el caudal del Río Gualeguay, ya que su profundidad y navegabilidad ponían en riesgo la actividad del Puerto Ruiz (donde por entonces ingresaban y salían más de un centenar de embarcaciones por año).
En cuanto al periodismo, la intensa actividad política reclamaba medios de comunicación que canalizaran la disputa de ideas. “El Debate” y “El Diario de Gualeguay”, vieron nacer eventuales competidores como los diarios “La Verdad”, “Justicia”, “La opinión” y “El defensor” (un bisemanario que se proclamaba “defensor de los intereses gremiales”). Por aquellos años se pusieron de moda los autos y la Casa Carbone y Badaracco, concesionaria de los famosos Ford T, vendió diez que desfilaban por las calles de Gualeguay. Poco tiempo después, en el vapor Villa Franca, llegaron diez unidades más.

Cocheros frente a la Municipalidad de Gualeguay