Amar a Malvinas

El periodista y editor Pablo Felizia escribió ‘Crónicas Patrias’, siete cuentos de entrerrianos combatientes de Malvinas. Compartimos un extracto en honor a la fecha.

“Amar a Malvinas y querer recuperarlas no es hacer una apología de la guerra. Inglaterra es la que domina a través de su fuera militar, esa parte de nuestro territorio. En 1806 y en 1807 fuimos invadidos por ese mismo país colonizador y fue justa la unión del pueblo para enfrentarlos, hacerlos retroceder, resistir y echarlos; también es justa la causa de recuperación de nuestras islas.

Amar a Malvinas no es sostener las políticas de la junta militar, gobierno de facto desde 1976 a 1983. Miles de argentinos llenaron las plazas de todo el país conocida la noticia el de abril y cualquiera que vea o escuche, por Internet, los discursos de la época, advertirá cómo chiflan y repudian cada vez que Leopoldo Fortunato Galtieri se nombra como presidente de la Nación y ovacionan cuando pronuncia la voluntad de ejercer soberanía sobre las islas. He escuchado a varios combatientes decir: ‘A mí no me envió la junta militar, a mí me envió a Malvinas el pueblo argentino’.

Amar a Malvinas es darle voz a los Veteranos de Guerra, brindarles todos los espacios posibles para que cuentes sus historias y juntos podamos reconocer que son los héroes que caminan a nuestro lado, en las calles y en los barrios de todas las ciudades; no hay muestra de amor más grandes a Las Islas Malvinas y a la Patria que haber ofrecido la vida y la muerte por ellas”

Este extracto del prólogo de ‘Crónicas Patrias’ invita a la lectura de esta obra de Ana Editorial, que recorre el heroísmo de ocho Veteranos de Guerra de Malvinas de nuestra provincia. Compartimos, como cierre, un extracto del cuento ’Pecho a pecho’:

“Antes de despedirnos aquella tarde, cuando la yerba era insalvable, Juan Carlos me había dicho una frase que aún hoy vuelve cada vez que pienso en la guerra:

Peleamos pecho a pecho, combatimos sin bajas y les hicimos desastres. Cruzábamos las líneas enemigas y los agarrábamos de espalda. Les vi la cara.

Algo en la imaginación, en las ideas y la forma de pensar, me hizo borrar durante años la cara del soldado inglés y siempre me costó dar cuenta de ella. Aparecen en sus aviones, a lo lejos, en sus barcos o ya cuando la guerra está terminada. Nunca los pude ver en la derrota, correr desesperados y asustados frente a un argentino que se les planta, ni siquiera en las películas más osadas. El asustado, el que tiene miedo, el que está tirado como si pidiera escaparse de ese lugar, es siempre el soldado argentino. Por eso tal vez Juan Carlos todavía no se fue de las Islas”.


Foto: Vía País